18 may. 2017

Calor + contaminación provocan daños a la salud


Estamos experimentando climas extremos, los índices de calor se han elevado y esto unido a la contaminación del aire ha desatado una serie de problemas que afectan nuestra salud: Los ojos lloran, la piel se reseca y da mucha comezón, duele la cabeza, duele la garganta, aumenta la tos y estornudos, el estrés aumenta, no se puede dormir bien, aumentan las enfermedades respiratorias, gastrointestinales y las alergias. 
Y en fin, no nos sentimos bien. Generalmente, el cuerpo se enfría solo mediante la sudoración, pero en los climas calurosos, especialmente con altos niveles de humedad, la sudoración no es suficiente.
La temperatura corporal puede elevarse hasta niveles peligrosos y es posible desarrollar graves riesgos que en su mayoría ocurren por permanecer expuesto al calor demasiado tiempo. Otros factores son el ejercicio excesivo para su edad y la condición física. 
Los adultos mayores, los niños pequeños y las personas enfermas o con sobrepeso tienen un riesgo mayor. Consumir abundantes líquidos, reponer sales y minerales y limitar el tiempo de exposición al calor puede ayudar. Los riesgos directamente relacionados con el calor incluyen: 
 – Golpe de calor: una situación peligrosa para la vida en la cual la temperatura corporal puede subir peligrosamente y puede incluir piel seca, pulso rápido y fuerte y mareos
 – Agotamiento por calor: una condición que puede preceder al golpe de calor; los síntomas pueden incluir sudoración profusa, respiración rápida y pulso acelerado y débil. – Calambres por calor: dolores o espasmos musculares que ocurren durante el ejercicio intenso. 
 – Erupciones cutáneas por calor: irritación de la piel por exceso de sudoración. Las temperaturas extremas causan estrés en el organismo, cuyo funcionamiento óptimo es entre los 36 y 37,5º C. 
Cuando son más altas, el cuerpo se libera del calor principalmente a través del sudor, aunque la respiración y el incremento en el ritmo cardíaco también pueden expulsarlo. Entre más caliente y más húmedo, más sudor se expele, y esto incrementa el riesgo de deshidratación. 
 Pero ¿Cuánto es demasiado calor? La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que la temperatura ambiente óptima para el organismo es entre 18 y 24º C, cuando el cuerpo se mantiene a unos 36°C-37°C. Cualquier nivel más elevado provoca que los riesgos para la salud se incrementen. 
 Si el cuerpo se calienta hasta los 39º C-40º C, el cerebro le dice a los músculos que trabajen menos y comenzamos a sentir fatiga. Entre los 40º C y los 41º C se produce el agotamiento por calor y, por sobre los 41º C, el cuerpo comienza a dejar de funcionar. 
 Comienzan también a verse afectados los procesos químicos, las células dentro de tu cuerpo se deterioran y hay riesgo de que fallen múltiples órganos. A esta altura el cuerpo ya ni siquiera puede transpirar porque se detiene el flujo de la sangre hacia la piel, que se siente fría y húmeda. Estos riesgos están vinculados a la temperatura a la cual está acostumbrado el cuerpo. 
Por eso no sorprende que los habitantes de países más calientes puedan enfrentar mejor el aumento de temperaturas. Los estudios han demostrado que cuando la temperatura ambiente llega a 35º C, y está acompañada de altos niveles de humedad, puede poner en riesgo a la salud. 
Si alcanza los 40º C puede ser peligroso incluso con niveles bajos de humedad. Mucho depende de qué tan vulnerable es la persona. Los ancianos, bebés, niños pequeños y mujeres embarazadas son los más susceptibles al calor extremo. 
Pero también las personas con enfermedades crónicas como problemas cardíacos o respiratorios. 
Ciertos tipos de medicamentos o infecciones también pueden tener efectos. Durante las olas de calor se aconseja tomar precauciones, como beber mucha agua, darse una ducha tibia y no helada, evitar el ejercicio intenso, abanicarse el rostro más que otras partes del cuerpo y vestirse adecuadamente con ropas ligeras y claras. Pero con un calor extremo es esencial buscar un ambiente frío en el cual se pueda reducir artificialmente la temperatura corporal.  
Contaminación y calor un riesgo enorme: Fenómenos como las contingencias ambientales, así como los golpes de calor, pueden derivar en daños permanentes en la salud, afirmó Ana Rosa Moreno Sánchez, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina (FM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Respecto al primer problema, señaló que quienes residen en la Ciudad de México, viven con dificultades constantes de contaminación, “pero ya no nos fijamos lo que eso significa. 
Si hay contingencia, la gente circula como si nada, cuando debería estar consciente que esa circunstancia representa riesgos”. Sin embargo, la percepción de la situación es baja, porque hemos nacido con ella y ya no le damos la importancia que tiene. Los habitantes de la metrópoli, prosiguió, tienen una exposición crónica y permanente a contaminantes atmosféricos, y a mediano o largo plazos, eso propicia una reducción en la función pulmonar; es decir, la respiración no es tan profunda ni vigorosa como en una persona que no está expuesta. 
Cuando llegan visitantes a esta urbe, se sienten mal porque no están habituados a los niveles de ozono. “Quienes estamos acostumbrados, tenemos una respuesta más lenta, o la tenemos ante altas concentraciones”, expresó. Moreno indicó que la época de calor es muy proclive para este tipo de fenómenos ambientales. Se conjuntan la emisión permanente de gases, cuyo volumen aumenta conforme avanza el día, el calor y la luz solar, que en conjunto producen el ozono, a lo que se suma el “estancamiento” del aire. El problema es que al no haber viento, las concentraciones se mantienen, y eso puede representar problemas graves para la salud, dijo la universitaria. 
 El ozono en salud ambiental es un gas irritante, por lo que tiene efectos en la garganta, produce congestión nasal, molestia en los ojos y garganta y en personas sensibles, puede presentarse tos. 
Además, cuando los niveles de contaminación son más altos, se incrementa el índice de personas con asma que sufren ataques y requieren atención médica o más fármacos. De igual modo, el ozono hace a las personas más sensibles a las alergias, porque aumenta la presencia de alérgenos, diferentes pólenes u organismos que causan un impacto en la salud, y a ese factor, se suma la contaminación. Esta última también reduce la resistencia a resfriados o cualquier otro tipo de infección en vías respiratorias, y puede acelerar, a largo plazo, el envejecimiento del tejido pulmonar, expuso Moreno Sánchez. 
 En cuanto al golpe de calor, abundó, se constituye en un estrés adicional al cuerpo; las personas pueden presentar dolores de cabeza, deshidratación, problemas metabólicos o desmayos. Entre los sectores de la población más vulnerables a estos fenómenos ambientales, Moreno Sánchez mencionó a los adultos mayores. “Muchos de ellos siempre usan suéter, no perciben el calor y no beben suficientes líquidos; cuando sienten malestar, lo añaden a sus otras patologías y no le dan importancia. La sudoración excesiva, pérdida de agua y desequilibrio de minerales, puede causar problemas serios”. 
 En Europa, recordó, una ola de calor ocurrida en 2003 causó miles de muertes, sobre todo entre adultos mayores, porque en ese segmento, la regulación de temperatura no está en los niveles óptimos. Este segmento de la población debe evitar exponerse a la contaminación, porque su organismo está comprometido debido a los problemas propios de la senectud. 
 También, los vendedores ambulantes, trabajadores de la construcción, policías y otras personas que desarrollan su labor al aire libre, están más expuestos, y de forma permanente, a altas concentraciones de ozono y al Sol. “Eso representa un riesgo adicional”, mencionó. 
 Otro sector desprotegido es el de los niños, cuyas vías respiratorias no se han desarrollado por completo, y tienden a pasar más tiempo al aire libre y al sol. Para resguardarse, deben cubrirse la cabeza, usar filtros solares y estar permanente hidratados, aconsejó. De igual modo, corren riesgo los adultos que hacen ejercicio en el exterior, porque respiran más rápido y profundo. Por eso, en casos de contingencia ambiental, se recomienda evitar la actividad física al aire libre, y si se hace en interiores, mantener las ventanas cerradas. 
 Fuente: OMS

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