22 may. 2017

«Por una ciudad sin racismo, sin machismo y homofobia»: J Lo (Jenifer López), estilista que fue asesinado en Ometepec


Jaime era alegre. Eso salta a la vista al ver sus fotos y al hablar con personas que lo conocieron de cerca, que lo trataron, de persona a persona, en su difícil propósito de ser él mismo. 
También se percibe que lo era en las tantas condolencias públicas que uno lee y en el dolor y la tristeza que suscitó su deceso entre su gente, los íntimos, los familiares, y entre gente de lo que solemos llamar sociedad. Todas las muertes traen su coto de dolor, pero en el caso de Jenifer… Javier… Jenifer López (J Lo) –según su propio mote, su nombre de batalla, literal–… en su caso, son innumerables las manifestaciones públicas del dolor, de la tristeza, de la indignación, de las lágrimas vertidas por su muerte. 

Nacido en Igualapa, precisamente en Chacalapa, el 2 de mayo pasado celebró 23 años de edad. En su muro escribió: «Gracias a dios por estos 23 años de vida por que aun que no tengo mucho dinero ni grandes lujos «Tengo vida ,salud y una familia hermosa que no cambió por nada ..😉😆 «Gracias amig@s ,clientes y familiares por sus felicitaciones dios los vendiga hoy y siempre». Era una persona excelente, dicen algunos de quienes lo conocieron. E inteligente, por ello le dieron oportunidad de trabajar en una estética de Ometepec, empezando por barrer y asear el lugar, hasta que lo mandaron a estudiar a México para ser mejor estilista. Y lo consiguió. Tuvo esa cosa efímera que se llama éxito. 
Tenía éxito, según lo mostró en los últimos dos años en que trabajó en una de esas peluquerías que se llaman estéticas, la cual está frente a una conocida tienda de autoservicio, la Lalis Estilismo. 
Así lo atestiguan clientes suyos: eficiente, atento, amable y buen estilista. Amigable, atestiguan. En sus fotos, en sus auto-fotos o selfies, se nota cierta finura, cierta elegancia, cierto sentido impreso a su vida, que, por su propio testimonio, se sabe difícil, se adivina azarosa: «cuando te critican , es mejor sonreír , y decir #gracias y continuar , antes de caer en el mismo acto de mediocridad.....☺ «A esas personas que quieren verme caer solo les digo que se esmeren que aun sigo de pie que aun no me a tumbado jejeje 😁😀😂linda tarde amig@s de face …». Era entusiasta, lo que también se trasluce en sus fotos, y en sus actos públicos, como su participación en el concurso de belleza gay organizado hace unos días en la bárbara ciudad de Ometepec y en la marcha de la comunidad LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual), también efectuada en el año ‘bello nido’. 
En esos días escribió en su muro de Facebook: «por una ciudad sin racismo ,sin machismo y homofobia». Lo repito: «por una ciudad sin racismo ,sin machismo y homofobia». 
Seguramente mucha gente lo leyó, pero en pocas hizo conciencia. La tarde del día de su muerte, este reportero habló con su mentor, Lalis Marín, por teléfono, pero esta lastimado, dolorido, aunque lúcido, y decidió no hablar de él, no recordarlo, aunque dejó traslucir que ni él, ni su familia –por cierto, se asumió como de su familia– querían palabras que empañaran la imagen que tienen de Javier, de J Lo, de… La Oruga, La Jaiba, Campanita, motes que sus amigos y amigas le endilgaban. Hay quienes creen y dicen que qué bueno que lo mataron, que de seguro andaba en algo malo. Bueno, decir tonteras como esas cualquiera puede. 
Seguramente tuvo sus lados oscuros, pero, ¿quién que es no los tiene? Ya lo dijo un hombre: ¿Qué tanto puede deber un hombre que con su muerte no lo pague? Es decir, ha muerto, lo asesinaron, ya no está entre nosotros, ya no es una sustancia viva, ¿y todavía lo juzgan? No se sabe que haya razón para eso, no se conoce que se dedicara a hacer daño…no es justo que se le juzgue de ese modo. 
Entiendo que la gente cercana a La Oruga, a Campanita, no quiera hablar con eso que pomposamente se llama La Prensa… Sólo con leer lo que se ha publicado sobre este trágico suceso se quitan las ganas. Medios estatales ‘de prestigio’ –como El Sur– aseguran que fue acuchillado, o degollado –Quadratín Guerrero–. Les ganó el sensacionalismo. Les ganaron los prejuicios, les ganó el machismo, les ganó el sexismo, les ganó la homofobia.
 Repito lo que escribió en su muro: «por una ciudad sin racismo ,sin machismo y homofobia». Por un periodismo sin racismo, sin machismo y sin homofobia. Por una sociedad sin racismo, sin machismo y sin homofobia. Justicia, piden justicia por su crimen. La desaparecida justicia. 
Pero estamos en Ometepec, y las autoridades seguramente se lavarán las manos, no sólo las locales, sino las demás, las estatales y las federales. Ometepec, Guerrero, México, son sitios de impunidad, lo vemos todos los días; lo vemos en el artero asesinato de Jaime Valera Anastasio, de 23 años, gay por derecho propio, gay por decisión propia. 
Me olvidaba decir que fue valiente, que pudo encarar a los demás, los prejuicios de una sociedad mocha como la ometepecense –en particular– para ser él mismo, para ser J Lo, para ser Jenifer López. La madrugada de este sábado 20 de mayo, «en una humilde habitación ubicada entra las colindancias de la colonia Alianza y el Fraccionamiento Ángel Aguirre» –escribe un reportero–, fue encontrado el cuerpo de La Jenifer. 
Lo ataron con las manos hacia atrás, y le dispararon dos veces en la cabeza: en la sien derecha y en el pómulo izquierdo; en el lugar encontraron dos casquillos calibre .380. Parafraseó a Yves Saint Laurent y se apropió de la frase ‘la moda es pasajera, el estilo es eterno’, recuerdan. 
Ahora ya no es; su muerte nos recuerda que somos pasajeros, como la moda, que muchas veces aspiramos a ser eternos, como La Jenifer, como Jaime Valera Anastacio. 
Descanse en paz.
Eduardo Añorve 
21 de mayo de 2017