21 jun. 2017

¿Es verdad que internet se ralentiza cuando llueve?


La respuesta es sí. Seguramente no es el factor determinante en todos los casos denunciados, pero existen tres escenarios en los que las inclemencias del tiempo afectan a nuestras conexiones. Internet va más lento, e incluso se cae, en los días lluviosos. Seguro que el argumento les resulta familiar, dado que es habitual escucharlo cuando las condiciones climáticas son adversas.
 En algunas encuestas, sin carácter científico, el 32% de los consultados denuncian cortes del servicio en este tipo de situaciones, al tiempo que en los foros surge la cuestión, año tras año, a medida que nos acercamos al invierno.
Muchos lo aseguran, pero ¿hay relación entre los fenómenos atmosféricos y la conexión a internet? La respuesta es sí. 
Seguramente no es el factor determinante en todos los casos denunciados, pero existen tres escenarios en los que las inclemencias del tiempo afectan a nuestras conexiones. 
 1. Problemas de aislamiento en los pares de cobre. 
 Antes de entrar en otras cuestiones, es preciso entender cómo se articula la infraestructura que lleva internet a nuestras casas. 
Lo explica el ingeniero de telecomunicación Nacho Despujol: “Cuando se trata de ADSL, el operador tiene toda una red de cables de pares de cobre tendidos por la ciudad. No todos son del mismo tipo. De las centrales parten de unos cables muy gordos, de 1.200 o 2.400 pares, que van enterrados y llegan a una cámara de la operadora, de esas que tienen una tapa redonda. 
Debajo hay una cueva donde se encuentran empalmes presurizados, aislados por cámaras de aire. Y de ahí salen derivaciones a cables más pequeños, que se reparten hasta llegar a unos que conocemos como cables laterales, que son de 25 o 100 pares de cobre. 
Son los que vemos en las fachadas de los edificios y que se distribuyen en las cajas terminales, que son las negras alargadas que vemos en nuestras fachadas”. Y es aquí donde aparece el problema. Hasta los cables laterales, todos los anteriores van presurizados. 
Esto significa que están mejor aislados al agua y, además, que los pinchazos en la cubierta pueden ser detectados a través de manómetros por las operadoras. Esto no puede hacerse, sin embargo, con los cables que suben por la fachada de las casas. En estos casos la forma de detectar una incidencia suele ser la queja del usuario. “Todos sabemos que a la electricidad no le gusta el agua. 
De hecho, no es necesario que el agua entre en contacto con el cobre –seguramente cortocircuitarían– para que se pierda conectividad: basta con que la humedad del ambiente sea suficientemente alta para que se pierda parte de la señal”, explica a Teknautas Aristóteles Cañero, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones de la Comunidad de Valencia. Otro de los puntos fatídicos es la caja terminal.
 “Si no están bien cerradas no están aisladas, y si el agua accede a los empalmes, la conexión es muy posible que se resienta. No hay más que ir mirando por la calle hacia arriba para notar que muchísimas de ellas están incluso abiertas. Si están cerradas pueden tener una goma que las haga más o menos estancas, pero si están abiertas… No sé si las últimas son ya estancas, pero las más antiguas desde luego que no lo son”, dice Despujol.
 ¿Y por qué las cajas no están cerradas? “Quizá porque los servicios de voz no son exigentes con el cableado y los técnicos se han acostumbrado a dejarlas así. Pero esto no sucede con la banda ancha; si el cobre entra en contacto con el agua, se va a notar”, prosigue. Nada de esto acontece a los usuarios de fibra óptica, cuyos cables no llevan metal, sino que consisten en plástico o vidrio que transmiten impulsos de luz. 
 2. Saturación de usuarios de cable 
 Que el uso de la red tiene relación con la climatología es una variable que manejan las operadoras desde hace años. Si bien es cierto que con el internet móvil su curva de uso se ha ido normalizando, aún pueden verse detectarse de actividad cuando llueve o hace frío en la calle. 
La explicación, como ya habrá deducido, es lógica: la gente tiende a refugiarse en casa y conectarse a la red. Los picos de uso no afectan del mismo modo a todos los usuarios. Los más perjudicados son los usuarios de servicios de cable como Ono o R, pues su arquitectura les pone en desventaja. “El ADSL tiene una arquitectura en forma de estrella, lo que significa que el cable de la central a tu casa es solo para ti, mientras que en el cable coaxial es distinto, porque tiene una estructura de anillo de la que salen derivaciones a cada casa”, relata Cañero. 
 Así las cosas, los incrementos súbitos de uso en un mismo anillo podrían repercutir en una ralentización interna. Despujol no está en completo acuerdo: “En este caso hay un router que agrupa y da servicio a una determinada zona. Si este router estuviera sobredimensionado podría suceder puntualmente, pero lo normal es que pueda abastecer a todos sin problema. No obstante, el cable coaxial sufre igual con el agua, solo que al ser instalaciones más modernas suelen estar mejor aisladas”. 
 3. Los radioenlaces 
 En algunas ocasiones las operadoras utilizan enlaces por ondas de radio para hacer llegar internet a una región concreta, ya sea un área rural o para dotar de cobertura a los teléfonos móviles. 
Ambos expertos consultados coinciden en que las grandes ciudades están cableadas y que este caso afectaría principalmente a personas en zonas más o menos aisladas. “Si hay alguna red basada en radioenlaces, en la que el troncal que úne la central con internet tiene algún radioenlace de por medio, es susceptible de sufrir con las lluvias, porque el agua absorbe mucho, sobre todo en unas frecuencias determinadas. 
Si llueve mucho puedes tener tanta atenuación que pierdas la conexión, por supuesto. De todas formas deberían estar diseñados para que en una situación de lluvia normal no se viniese abajo”, concluye Despujol. 
 Fuente: El Confidencial